Morder el anzuelo

Estás ahí, viviendo. Cruzando el túnel. Esquivando las trampas. Cayendo en ellas. Dejándote arrastrar por los destellos que temblequean en la noche y la atraviesan como una lanza. Eres también quien no piensas que eres. Un caudal inmenso de errores. Un baile de impulsos. La euforia que te achica y te ensancha como una bolsa de aire frío. Una nebulosa que escala lo intangible y vuelve a caer siempre en la tierra cuarteada y seca, rojiza, como de otro planeta.

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Hemingway.

Te enseñan a vivir mordiendo. A ti mismo y al otro. Sin apenas resistencia. Sin descanso. El daño como método. Subir como el humo es la consigna. Sin dirección. Subir y subir más que cualquiera. Hasta desaparecer en el cielo blanco de todos los veranos juntos. Los pies lejos de la tierra. El cuerpo trufado de éxito. Tocando lo invencible. Eternizado y ciego. Henchido a mordiscos.

Se vive sucumbiendo. Diciendo sí donde toca decir no. Tirándote al vacío. Dejándote atrás. Bebiendo el agua que no ibas a beber. Yendo al fondo a pulmón a buscar algo que no sabes bien qué es. Quemándote. Un día y otro. Con exquisito mal gusto. Haciendo lo que no te apetece hacer. Asfixiándote para llegar a un lugar que no existe ni dentro ni fuera de ti. Ir de aquí para allá sin descanso. Atravesando los días con los ojos vendados. A alta velocidad. Soltar un tren y coger otro. Para llegar. ¿Adónde?

Cada mañana abres los ojos en un mar de agua turbia. Comienzas a nadar. Con mucha rapidez. Allá en el fondo de los espejismos. Atraviesas corrientes de agua cálida. Apacible. Te quedarías allí todo el día. Sigues. Atraviesas zonas sombrías. Algas. Y comienzan los remolinos. Las turbulencias de agua salada. La marea perfecta e intranquila. Vas subiendo y entonces ves como van cayendo los anzuelos. De todos los sabores. El que muerdes y te hace más estúpido. Más dependiente. Más esclavo. Menos libre. El que muerdes y te hace soberbio. Poderoso. Miserable. Insoportable. El que muerdes y te endiosa de repente. Te hace pez gordo. Big fish. Insuperable. Ignorante. Cósmico. Y te aniquila. Despacio, como el mejor de los venenos.

Estás aquí, nadando. Del fondo a la superficie. El anzuelo grande, elefantiásico. El hierro frío. El oasis de los cebos. El sedal que te ata. La cuerda que está escondida detrás de todo. La sombra en el agua. La cicatriz en la boca. El sueño. La nada.

 

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