Un día en la ópera

Llueve ginebra sobre Lewisham Road, al sureste de Londres. Llueve un agua prehistórica sobre las aceras desdentadas. Caminas y se oye por todas partes el choque seco de los paraguas rotos, usados, pasados de moda. La fiesta metálica de unos tacones que se detienen, avanzan y luego se apresuran como si tocaran por última vez tierra firme. Llueve litronas de agua nueva sobre las casas bajas y los cristales sucios de las peluquerías infladas de vaho y mal aliento. Sobre los carteles de los chinos semivacíos y los gimnasios baratos.

Agatha3
Agatha Christie.

Mi abuelo vive en el 344 de Lenham Road. Es inglés. Nació en 1926, en diciembre, la misma semana en que desapareció durante once días la escritora Agatha Christie, que estaba tranquila en un balneario. O eso cuenta él cada vez que nos vemos. Me mira y me dice, como si fuera la primera vez: “Yo nací cuando se perdió Agatha Christie”. Y nos echamos a reír. Mi abuelo Willian se parece al escritor James Salter. En las vigas de la casa tiene escrita muchas de sus frases: no sabía que la felicidad consiste en tener lo mismo todo el tiempo; elegir entre la vida y la vida fingida; existe amor cuando pierdes la capacidad de hablar, cuando ni siquiera puedes respirar.

De pequeño me leía a Dickens. Cuando me dormía se escapaba de noche a la ópera. Volvía tarde y yo lo escuchaba silabear en voz baja el periódico del día anterior o algún poema.

Camino otra vez hacia Lenham Road y pienso en algo que ya no recuerdo.

A veces me digo que debería ir más a verle. Me lo digo cuando estoy solo. O con mucha gente. Me digo bajito, casi sin mover los labios: la vida se escapa. Y siento que me duele, y que de ese dolor sale una columna de sombras que me aprietan fuerte. De ese dolor salen ejércitos de fantasmas de la ópera que me persiguen varios días y no me dejan. Me duele mucho, como me duele el desarraigo, que es de las cosas que más me duelen.

 

Camino y llueve como en una película de Coixet. Y tropiezo con caras recién salidas de una novela de Ellroy. Y canto algo de John Lennon mientras me adentro entre los fragmentos de una neblina que hacen de la ciudad una cosa cualquiera…

Deja una respuesta