Un horario

Kafka
Kafka.

Hazte un buen horario. Perfílalo como si estuvieras esculpiendo un manso hipopótamo. Emplea varias tintas. El rojo para los días. El negro para la malas horas. El azul para el resto. Déjale márgenes por todos lados. Espacios perfectos por la derecha y la izquierda como en un campo de fútbol. Por arriba y por abajo. Párate unos minutos. Obsérvalo de cerca y de lejos como si estuvieras en un museo. Y siente sorpresa o extrañeza como si te persiguiera un perro sin collar por la calle, un perro de lengua azul y jadeo metálico. Léelo un par de veces. Tres si hace falta. En silencio o en voz alta. Corrige los por qué. Los sino. Descansa.

Ve y sírvete un café. Da vueltas con la taza en la mano y pregúntate cuandoempezarás a cumplir el horario. Mañana mismo, te dices. Mañana lunes que es siempre cuando empiezan las cosas. Las dietas y el gimnasio. Cierra bien la fecha. De pie o en la cama tumbado como Onetti. O sentado en la barra de un bar donde suena Joao Gilberto. O barquinho. O barquinho. Piénsalo bien. Estás hablando de disciplina. De orden. Luego repasa tu horario. Punto por punto. Léelo: lunes, montar a caballo y mercado; martes, escuela de natación; miércoles, escribir de madrugada… Y así, cuando todo esté claro, pégalo en la nevera con un imán. Hazlo visible. No en vano va a ser tu hoja de ruta. Tu esquema para desenvolverte en tiempos difíciles. Es tu horario. Con sus líneas verticales y horizontales ladeadas. Sus colores. Sus cuadriculas desiguales. Es tu horario y debes habituarte a él. Cogerle cariño.

Cuando esté acabado olvídate de él. Lee un poco de literatura argentina. Selva Amada o Leila Guerriero. Martín Caparrós. Piensa en cualquier cosa. Por ejemplo en la noche en que murió Sartre y Simone de Beaviour se metió en la cama con él toda la madrugada. Distráete. Ve un par de capítulos de Mad Men o mejor llama a Saúl. Vete al cine. Mira el mar deshaciéndose en espuma. Y entonces aguarda a que llegue el día siguiente. Andarás por el salón y notarás que algo grita desde la cocina: es el horario, joder. Tu mejor obra. Entonces resístete. Palméate las manos como Kafka. Y sal de ahí y déjate llevar, déjate arrastrar libre volcán abajo.

 

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